Disyuntivas sobre el futuro

Se habla de proyectos inmobiliarios estresados por la coyuntura y es una realidad.

Pero ¿qué significa eso? Además de la desfinanciación en muchos casos para terminarlos, significa desarrolladores, constructores, inmobiliarias, usuarios finales, inversores, corralones, obreros, sufriendo esa presión psíquica y económica, cada uno en su medida, con el componente adicional del virus y el aislamiento. Todos bajo el mismo cielo, pero eventualmente con intereses contrapuestos. En ese entorno será muy complejo el reinicio de proyectos en la era post cuarentena. 

El escenario menos deseable es la paralización de las obras. Los proyectos que no están sólidamente financiados estarán perseguidos por ese fantasma.

Sin hacer comparaciones sobre los hechos del 2001 -sino sobre sus consecuencias- ya vivimos una crisis que rompió todas las previsiones. Los que encontraron en aquella época la salida más sana fueron (y creo que sucederá lo mismo ahora) quienes supieron exponer la realidad de la situación entre las partes. Bienvenidos los acuerdos heterodoxos, los acuerdos uno a uno, la búsqueda de soluciones creativas, donde todos tendrán que realizar su aporte, su resignación de lo ideal y ponerse un objetivo común: terminar y poner en valor lo hecho hasta este punto. Este es un caso crítico, pero los desafíos son para todos.

Las inmobiliarias tendrán que salir a buscar una demanda retraída, la demanda estructural de familias que crecen, se achican o se dividen. Deberán optimizar al máximo las tecnologías y se encontrarán frecuentemente con compradores oportunistas haciendo valer su liquidez.

El tema se divide en fases, hoy hay que salir de la crisis cuidando la cadena de valor, tratando de minimizar daños y conflictos.

Surgirán incógnitas de todo tipo: ¿cómo serán las relaciones humanas post virus?, ¿cómo serán las viviendas para ese nuevo escenario? Quizás desde lo más trivial, los balcones y los patios sean más valorados, los edificios tendrán más tecnología, conectividad, sanitización, autonomía energética, ascensores con filtros de ozono que purifican instantáneamente.

¿Qué pasará con la tendencia al co-working y al co-living, etc.? O sea, con los nuevos programas concebidos para la congestión, ahora contagiosa? 

O una vez que termine toda esta paranoia y descubran la vacuna, ¿estas cuestiones pasarán a un segundo plano, como una anécdota dolorosa de la historia?

¿Cuánto costará construir un metro cuadrado y cuál será el nivel de precios?

¿Se concentrará fuertemente la oferta nuevamente en el segmento abc1?, dado que la clase media no tendrá capacidad de ahorro o será muy acotado.

Seguramente también surgirán algunas oportunidades y nuevos nichos. Con tasas negativas y la Fed tasa cero, el ladrillo será resguardo de valor a mediano y largo plazo, con pocas alternativas de inversión para el público masivo.

Tenemos muchas dudas y una perspectiva difícil de leer, pero hay algo en lo que creo firmemente:

La forma en que gestionemos la crisis y la relación con nuestros inversores, proveedores, compradores y empleados, expondrá a la vista de todos, la madera de la que estamos hechos.

Quienes logren estar a la altura de las circunstancias con diálogo, comprensión, imaginación, flexibilidad y esfuerzo; privilegiando estas relaciones, tendrá un crédito abierto que ningún banco podría otorgar.

Podemos aportar para buscar la salida más eficiente.